Estampas costumbristas

El domingo pasado estuve, con un buen amigo, en El Rastro de la madrileña plaza de Cascorro. La mañana empezó con un desayuno en el pasadizo de san Ginés, posiblemente, el mejor chocolate que he probado nunca, para después, serpenteando por las calles de La Latina, llegar a la plaza de Tirso de Molina donde ya empezaban los primeros puestos y tenderetes de mis queridos amigos y su no pasarán. Entramos por la calle del Duque de Alba y a la entrada, donde ya empezaban a verse los puestos como un reguero de hormigas correr por las calles, vi la imagen de lo que quería hablar hoy: un hombre que para sacar un dinero hacía de estatua. Obviamente, este simple hecho no me llamó la atención. Lo que me llamó la atención y me hizo reflexionar fue qué estatua encarnaba este hombre: representaba a Jesucristo con una corona de espinas portando una cruz camino del monte Calvario. Esta imagen me hizo pensar en toda la polémica que surgió la semana pasada con la retirada de una fotografía de la exposición Camerinos que se enmarca dentro de los actos programados del Festival de Teatro Clásico de Mérida y ha supuesto, entre otros motivos, la no continuación de las directoras del festival. La fotografía de la discordia es un retrato del actor Asier Etxeandía representando a Jesucristo y con una estampa de El Cristo de Velázquez en el pubis. No era una fotografía ex profeso sino que era una instantánea previa a su actuación en la obra Infierno (versión de la Divina Comedia del autor Tomaz Pandur). Como he dicho, esta fotografía tuvo que retirarse porque, parece ser, ofende y atenta contra ciertas personas y sus creencias. Este hecho debería hacernos reflexionar sobre el tipo de sociedad que queremos. Creo que es un hecho, y que aquí nadie se mostrará en contra, que el derecho a la libertad de expresión es uno de los derechos fundamentales e inalienables del ser humano. Es verdad que este derecho tiene sus límites como muy bien aclara el artículo 20 de nuestra Constitución o el artículo 12 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Pero entonces nos encontramos en una encrucijada: ¿qué derechos prevalecen? ¿el de que las fotografías continúen o sean retiradas?. Vivimos en una época en que las personas enarbolamos las banderas de la democracia, de los derechos humanos, de la igualdad y de la libertad y que parecen que en verdad no nos representan. Buscamos chivos expiatorios, cabezas de turco donde no hay nada más que expresión artística que nos guste más o menos o nos parezca más arte o menos, de acuerdo, pero sin ninguna intención ulterior, sin ningún plan oculto. Muchas veces parece que la sombra del pasado nos envuelve de tal forma que nos no deja ver el futuro, cuando es todo lo contrario: proyección es retroferencia. Uno quisiera olvidar la letra de aquella canción de Def con dos: “España ya no es roja, España no es azul, España ahora y siempre es negra como el betún” y retomar las ideas ilustradas para los que la libertad de expresión es el mejor medio de difusión de ideas y el verdadero baluarte para el avance de las ciencias y del arte. Que cada uno coja de ello lo que tenga que coger, si es que tiene que coger algo, y mire únicamente en el avance del ser humano hacia lo mejor. Sí, soy un optimista antropológico irredento, tal vez heredado de Kant, que le vamos a hacer.

P.D. Todos estamos con el Cuerno de África, y también contigo.

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Acerca de sinislasdondenaufragar

Profesor de Filosofía
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2 respuestas a Estampas costumbristas

  1. Es un tema peliagudo el que introduces con tu entrada… No estoy de acuerdo en que esas expresiones artísticas no tengan intención ulterior, lo siento. Quizá no como tal, no la de ofender a determinadas personas, pero desde luego se hace con una intención y consciente de la implicación que una intervención así puede tener. Otra cosa a debatir es la censura sufrida (censura “justificada” -si se me permite la expresión- legítimamente o no) pero no creo que yo sea la persona más indicada para opinar al respecto, me sentiría un tanto hipócrita. El caso es que al margen del tema censurado en este caso, la sociedad actual es así con todo, condescendiente, hipócrita, mojigata, demagógica y deleznable. Nos escandalizamos por una foto provocadora y al llegar a casa, pegados para ver si el torero iba borracho o no cuando atropelló a aquel hombre. Dejamos que nuestros hijos consuman toda la violencia audiovisual que les rodea, pero el crucifijo del colegio me lo quita por favor, no vaya a asubnormalarme al chiquillo. Pedimos libertad para llevar el velo musulmán en colegios y centros públicos, pero a ver qué velo me lleva, que si tapa demasiado es denigrante… Asín semos.

    Ah ¿y España? Como el betún querido amigo, como el betún.

    Niño B

  2. juanalfonso dijo:

    ¡Bien por tu Rastro dominical! Pero vamos a tu tema: cada vez que algo se sale del tiesto, de debajo del tiesto sale un españolito con ganas de protestar. En realidad parece que mucha gente viviera permanentemente acomplejada y debe mascullar para que no parezcan tan pequeños como lo que son. Pero cuando algo así me amarga el chocolate, antes de opinar contra ese conservadurismo moralista y moralino, siempre procuro preguntarme: ¿habría algo tan sagrado para mí que me hiciera protestar exigiendo su retirada?, ¿vale más lo que yo considero ofensivo que lo suyo? Si hay algo que a mi me molestara, entonces debería defender tanto su derecho a protestar como el mío. Pero luego me topo con que en general aquí cada uno arrima el ascua a su sardina dejando la mía cruda. No me caen simpáticos pero todo el mundo tiene su tope y no es mejor que los demás. Como sé de mis limitaciones aprendí a que debo morderme la lengua, contar hasta diez, y aceptar que hoy te toca a tí y mañana a mí.
    Lo que sucede es que además los que no se callan, no saben muchas veces lo que dicen: dirán “con mis impuestos no quiero tíos crucificados en el festival de teatro”, los otros dirán “con mi dinero no quiero señores con falda diciendo misas en cuatro vientos”. Me gustaría ver a todos los que han defendido la venida del papa, defendiendo también la libertad de expresión de ese señor cómico, me gustaría ver a todos los laicos refunfuñones criticando también cuando le de por venir al Dalai Lama o a algún Pope rumano para reunirse con los suyos, quizás no lo hagan porque atacar minorías no es políticamente correcto, pero sí lo es vociferar contra las mayorías, aunque realmente el circo montado con el jmj parezca una provocación disfrazada de promoción. Me gustaría ver que entendemos un poco todos al vecino, pero que no debemos ser tan picajosos, porque un día nos podremos a rascar y nos vamos a hacer pupa. En cuanto al derecho del arte a expresarse, no se si lo tiene más que el periodista o el ciudadano medio, pero desde luego tiene la obligación de cuestionarse la ética dando coces a la estética. Pero en este país la cultura está prácticamente al 100% subvencionada y eso, un país con tanta incultura crónica, no sabe digerirlo.

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